Por Sergio Jerez

¿Quién no ha sufrido alguna vez por una pequeña fisura aparecida en su instrumento? Eso es lo que me ha ocurrido durante mis años de estudios de oboe. Llegaban épocas en las que mi obsesión hacia una apreciable fisura entre los oídos de trinos, hacía que pensara que el coste de mi instrumento había sido no más que un timo, que no era justo desembolsar un precio por un instrumento para que en poco tiempo éste quedara lisiado para el resto de su vida, o en buscar excusas como que hoy en día los fabricantes talan los árboles de granadilla unas decenas de años antes para tener una producción mayor y subir sus beneficios. Buscaba siempre la complicidad y la sabiduría de mis profesores, que solamente (y agradecido estoy) podían tranquilizarme o guiarme para realizar las reclamaciones oportunas.
Unos lustros más tarde, y gracias a mi profesión y a los profesores que me han inculcado la idea del valor real de un problema de esta índole, veo esto sin más problema que el deber de tranquilizar y explicar honestamente a los músicos que acuden a nuestro taller sobre "su problema" y el porqué se ha podido producir.
La madera que utilizan mayoritariamente los instrumentos de viento es la granadilla. Ésta tiene una densidad muy alta que la hace apropiada para la construcción de instrumentos, por su estabilidad y su grado de impermeabilidad.
Esta impermeabilidad es la causa principal de las fisuras, no es 100 % impermeable, por lo que la humedad, tanto externa, climática, como interna que le introducimos a través de nuestro aliento, es la verdadera causa. Muchas veces son más las condiciones externas que la humedad introducida por nosotros.
La preocupación de los profesionales técnicos de la reparación es la de buscar soluciones a este problema. Seguimos estadísticas propias por variaciones de la relación temperatura y humedad con la incidencia de la aparición de fisuras, llegando a la conclusión de que no existe ninguna solución concreta que aísle a nuestro instrumento de este riesgo, pero sí sabemos cómo podemos ayudar a prevenirlo.
La primera recomendación es la tranquilidad. Hoy en día la técnica y los técnicos han evolucionado positivamente en su formación encontrando o descubriendo soluciones que hacen que la aparición de una fisura no sea más que una anécdota en la vida de un instrumento. Se cierran fisuras con pasta de granadilla elaborada en nuestros propios talleres, se sustituyen los oídos y hasta se pueden colocar anillos de fibra para que funcione como apuntalamiento e intente bloquear la continuidad de ésta. Por tanto, una vez ocurrido, la mejor solución es acudir a talleres cualificados y garantizados que puedan atenderte con la mayor rapidez y profesionalidad posible. La segunda, y más importante es la prevención. Mejor prevenir que curar y para ello tenemos que ser prudentes en todo momento con las condiciones que exponemos al instrumento.Como decía anteriormente, la estadística no falla: el porcentaje de aparición de fisuras sube incontrolablemente a partir del mes de octubre y comienza a bajar cuando llega el mes de marzo. Seria importante considerar esto: ¿Tienen los instrumentos de música un calendario interno que hace que durante estos meses se puedan rajar? lo dudo, lo único que ocurre durante estos meses es que son los más inestables en relación de humedad y temperatura. Son los meses en los que la mayoría de nosotros nos resfriamos debido a dichos cambios. La granadilla es un material orgánico y por tanto natural que también se ve afectado por las condiciones climáticas. Si llegamos a una habitación que tiene la calefacción nos quitamos el abrigo, y si salimos a la calle nos lo colocamos, es decir, nos protegemos. ¿Protegemos nuestro instrumento? No lo suficiente. No caemos en la cuenta de que el cambio brusco de humedad pueda afectar a nuestro instrumento y confiamos que a nosotros no se nos rajará. Mantén, no sólo durante estos meses, sino también en los meses de más calor, tu instrumento protegido. Intenta si vas a tocar en un ambiente cálido (y normalmente más seco por el efecto de las calefacciones) que el instrumento se adapte al nuevo medio. No pongas nunca un instrumento cerca de un foco de calor, así como no lo dejes desprotegido en el exterior o en el maletero de tu coche. Si has de comenzar a tocar después de unos días de descanso, no practiques un largo tiempo, haz que tus prácticas sean graduales desde un inicio. La idea de que nuestro instrumento esta protegido porque ya tiene 3 años es falsa. Todo instrumento está influenciado por el cambio de humedad y, por tanto, corre riesgo.
Entonces, ¿cómo puedo protegerlo? Los instrumentos, durante su fabricación están bajo una atmósfera controlada de temperatura y de humedad, por tanto los cambios bruscos no existen. Las maderas están aceitadas durante cierto tiempo, esto hace que los poros absorban dicho aceite haciendo una especie de "airbag" que contrarresta el golpe brusco de cambio de humedad y temperatura. Durante el uso diario de nuestro instrumento, con la saliva y su limpieza vamos eliminando este aceite1. Debemos de restituir esta protección a través de tratamientos de hidratación con aceites apropiados. Éstos los puedes realizar tú periódicamente de una forma básica o puedes encargarlo a los técnicos siempre que te garanticen el proceso y su realización. Desde nuestro taller, hacemos la recomendación de someter el instrumento a este tratamiento antes del comienzo del otoño. El proceso dura alrededor de 3 días por lo que puedes aprovechar también para realizar un mantenimiento anual. El coste es insignificante con el valor que tiene tu instrumento por lo que nunca dudes si es necesario o no hacerlo.
Hace un tiempo coincidí con un colega que defendía "a capa y espada" los nuevos materiales sintéticos que salen al mercado e intentan desbancar a la fabricación tradicional en madera de granadilla de nuestros instrumentos. Desde el punto de vista técnico le doy toda la razón, son materiales que no se ven afectados por las fisuras, pero no quiere esto decir que no estén afectadas a otras "dolencias" técnicas.
Aunque indudablemente desde el punto de vista artístico, del músico que se mueve por sensaciones no por la objetividad, este material no creo que sea el definitivo. El instrumento tiene que aportar algo al músico, por su resonancia, por su confort, o por el conjunto de muchas razones no demostrables en un papel o afectados por una estadística y en consideración personal muchos de los músicos profesionales y estudiantes se resistirán todavía bastante tiempo a tocar con instrumentos o lengüetas sintéticas, que salen de un mismo molde para múltiples gustos. El problema está encima de la mesa desde hace bastante tiempo, pero nos queda un camino difícil, lo que nos obliga a seguir conviviendo con el riesgo del cambio climático que afecta directamente a nuestro más preciado tesoro, nuestro instrumento.

1 La duración del aceite en la madera varía bastante también por la composición de nuestra saliva. Según sea ésta diluirá antes o después esta protección, por ello también tenemos que conocer cómo es nuestra saliva sobre todo si hemos observado que nuestra propia incidencia de fisuras es mayor a la de nuestros compañeros para tomar las precauciones oportunas.